Esto, ya se está volviendo tradición. Pues el verano pasado se nos ocurrió la brillante idea a Alicia y a mí de apuntarnos a clases de Pilates en los Toruños, con el principal objetivo de reírnos de las maris, la verdad sea siempre dicha (no nos salió del todo bien consultad en la Mandrágora hay muchas anécdotas divertidas) Así que este año he decidido apuntarme a clases formales (y con formales me refiero a no en medio de la playa y con alguien que sepa).
¡Qué dolor! Es una hora apretando el culo y la barriga, y haciendo estiramientos, flexiones, equilibrios... (todo sin dejar de apretar) Y para colmo la agujetas duran sus tres días como mínimo. Estoy por hacerle una foto a mi clase (de la cual soy por supuesto la más joven y flexible) todos ahí con cara de estreñimiento levantando las piernas y el tórax y apretando como si nos fuera la vida en ello (se nos van 40 euros así que yo por lo menos voy a intentar que sirva para algo) con la música (desconocida por cualquier ser humano) de fondo y la monitora con su acento de no se sabe dónde diciendo: "Contrae glúteos, contrae abdomen, contrae glúteos..."
María
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